Alumnas: Glaci, Andriélly, Manoela, Mônica y Bruna
Disciplina: Español
Nº: 08/02/15/22/04
Mirando la tele, una marcha de estudiantes en la ciudad de La Plata, me llamó la atención. Reclamaban que no se tome un examen final el mes siguiente, en el cual se juntarían todos los temas del año. Puse atención para escuchar las razones de la marcha, y al hacerlo, un claro sentimiento de rechazo surgió en mi corazón. Los estudiantes denunciaban que un examen final sería imposible de rendir y que sólo lo aprobarían los estudiantes con plata para pagar un profesor particular. Entonces pensé... ¿realmente son tan estúpidos? Un examen final es lo más sencillo que puede llegar a existir. Es un examen en el cual se toman todo lo visto durante el año escolar, es decir, te vuelven a examinar en cosas que ya viste, en las que ya fuiste examinado. ¿Realmente se necesita ayuda externa para aprender lo que ya aprendiste? Esta simple nota en un noticiero me puso a pensar. El nivel educativo de la nación está en picada, con los alumnos cada vez teniendo peores calificaciones, y con bochazos masivos en los ingresos universitarios. Por mucho tiempo escuché que el gran problema gran era el pésimo nivel educativo de la secundaria, que el gobierno no hacía nada para mejorar la educación, que las faltas edilicias eran el problema. Pero, tras esa patética excusa sobre el examen final me parece que el problema es un poco más personal que institucional. Sólo se necesita ver al adolescente promedio argentino para comprenderlo. Salidas nocturnas, promiscuidad, internet, alcohol, drogas, todo esto forma parte de la vida “normal” de un adolescente común hoy en día. Chicas de 14, 15 años embarazadas, chicos que abandonan, chicos que simplemente no les interesa estudiar. Y entonces es obvio que el bajo nivel educativo del país no es una falta institucional en su totalidad. El gran problema que afronta la educación es el comportamiento de los estudiantes.